"Yo vengo a menudo a la zona arqueológica, a realizar rituales y a dar las gracias. Nos inculcaron dioses blancos, pero al final de cuentas venimos de nuestra cultura y hay que rescatar eso. También vengo a dar la bienvenida a la primavera", dice Héctor.
Es verano. Más tarde, a las ocho de la noche, empezará a llover. Siglos atrás, Héctor, que entonces habría tenido otro nombre, lo sabría perfectamente, porque conocería el lenguaje del firmamento. Estaría subiendo la escalera que conduce a la boca grande de su cuexcomate para depositar las semillas del campo.
Hoy sube porque va a posar para una foto. Con la vista clavada en los cerros que circundan el antiguo asentamiento olmeca, en el que reposan dos pirámides milenarias y más de 40 petrograbados con reyes, jaguares y monstruos sempiternos, está convencido del papel que le fue asignado: evitar que los cuexcomates sean destruidos y ser maestro artesano de quienes son más jóvenes que él. Y de aquellos que aún no nacen.
"Hacemos un ritual para que nuestros ancestros nos ayuden a elaborarlo, porque a final de cuentas esto fue en la cultura prehispánica. No sabemos quién hizo el primer cuexcomate, si se enojará..."
Orgullo Mexicano.
Texto: Emmanuel Ruiz / El Sol de Cuautla.
Fotografía: Héctor Martínez (artesano).













